sábado, 13 de diciembre de 2008

Soledad, religiosidad, reflexiones varias


I. Sapientia

Lo que no sabemos.
Lo que no decimos.
Lo que no llegamos nunca a sospechar.
Las sombras que son claridad mentida.
Las sombras que nos deforman
en el fondo de los miedos.
Todo eso y más en espiral cerrada,
azúcar de soledad en el fondo de una taza de café.


II. Cerrojos

Los cerrojos nunca llegan a cerrar realmente nada.
Escondemos la cabeza detrás de las puertas, nada más.
O es que aún no sabes que el miedo no se miente,
se escapa a cada gesto como si no se viera
pero todos lo adivinan y murmuran.
Parece que no sea más que un pasaje
hacia un destino seguro
entre las ruinas de nuestro corazón.
Pero el corazón también tiene ventanas
y a veces se escapa por donde no debe.
Y qué vamos a hacer si no hay manera
de hacerle entrar en razón,
que él tiene las suyas propias
más sanas y más justas y más nobles
de lo que los demás siempre sospechan.


III. Espejo

No quiero mirarme en el espejo del tiempo.
Encontrarme solo lo que me sobrevive,
extraña, sola, sin fe.
Dejar atrás lo que creí saber
de mí, de los demás,
lo que olvido cada día
y no quiero.
No quiero tener que decir nada,
ni hacer balance
ni enumerar propósitos
ni deshacerme en exageraciones
ni pesares.
Ahora mismo solo quiero
silencio;
y, si es posible,
un espacio para sobrevivirme
y sobre todo
un momento para perdonarme.


IV. Calma

Levantarse, caminar, seguir rodando
después de tanto ruido, y de tantas sombras,
y el frío al despertar
y de tanto silencio al fin
y de tanta maldita suerte de seguir siempre temiendo
que el ruido vuelva con sus sombras y su noche.
Levantarse, caminar, y mirarnos a los ojos cada día
y temer seguir rodando.
Y saber, sin embargo, a ciencia cierta,
que debemos seguir honrando tierra y cielo
y la bendita luz que nos alumbra.
Al día que nace siempre nuevo
y nos llega para que podamos renacer
en nosotros mismos.
Para empujarnos a seguir y caminar,
siempre caminar.
Y tener la suerte de poder salir en busca aún
de nuestros propios y benditos
horizontes más sedientos
cercanos o imposibles.


V. Jardín de Dios

El jardín de Dios
lo sostiene un alma pequeña
que se siente sola.
Dialoga con los árboles,
con la brizna de hierba
que crece entre las piedras.
Espera siempre que alguien
se acerque y pregunte qué tal.
Pero solo se acercan los pájaros.
Tal vez ese alguien que espera
habla así,
y se muestra y se pierde
en el batir de sus alas,
en la reverberación
de la luz en las hojas,
en el sonido de los coches
que se pierden en la carretera.
y es esclava de su silencio
y libre de perderse en él.


VI. Un paraje desnudo

Un paraje desnudo asoma por la ventana entreabierta
Parece que esté mirando un cielo sin nombre ni palabra.
Escucha el silencio de las cosas calladas.
Siempre supiste que jamás entenderías el lenguaje de los dioses
y aún así te empeñas en seguir escuchando:
nada es más triste.
Se limita a murmurar, si es que murmura apenas,
el nombre de las cosas.
Y tú lo repites porque no hay nada más
en el lenguaje incierto que esconden los hombres
como un tesoro con enigmas vacíos.
Sólo el que camina por los senderos de la palabra del otro
mirando amablemente a los ojos del sediento
podrá entrever y, si hay suerte, entender el sentido del silencio
y pronunciarlo, y dialogarlo
saltar al vacío sin peligro de ahogarse en la terrible nada
pasar sobre las brasas, caminar
y encontrar desnudo el paisaje y no sentirse solo.
El lenguaje de los dioses, es su palabra.


VII. Presagio

Una mujer se asoma a la ventana y mira.
La tarde somnolienta le acaricia el torso.
Enmarañándose y revuelta,
preñada de presagio y certidumbre
se inclina levemente
se esconde y da vueltas en su pelo
regocijándose,
la hace sonreír, la aprieta
y se agarra a sus entrañas
consiguiendo el favor
de sostener su mirada
hasta caer rendida.
De carne y sangre es su dolor
que yace de nuevo esperando.


VIII. Páramos

Desde los páramos de los días tristes.
Desde la desesperación.
Desde la calma blanca que no camina
que solo puede mirar alrededor
y solo ve su dolor y nada más.
Nada más que su dolor y no ve nada.
Desde el silencio y la desconfianza.
Desde el desierto frío del día sin luz.
Desde la soledad.
En el punto exacto desde el que arranca todo.
La punzada mortal que alimenta la vida.
Desde ahí, desde la herida
comienzo a caminar
hacia la luz que queda
prendida a los labios que es tu nombre
hacia los páramos azules
de los días felices del Edén,
donde todo empieza y todo termina.
Hacia ti, a buscarte.

IX. El caminante

Caminar caminan los que te conocen
los que saben de ti y de tu imagen
quienes se mecen
en los bordes de tu risa
o van de tu mano abierta
o tras el rastro de tu voz sus ojos.
Quien no, es quien no te sabe,
ni sabe de la risa nada
ni de los hombres
de su imagen y semejanza
del reflejo más cierto que les sepa
vivos y completos.
caminan en las sombras de la noche
sin luna ni esperanza
y se pierden sin cesar
alrededor de sí mismos.

X. Nombre

No tiene nombre
aunque le han dado varios
que es más honda su voz y más alta
remonta a los cielos y baja a las sombras
que nos sumergen en noches oscuras.
Y entonces nos habla
y no dirá palabras conocidas
que podamos pronunciar
o apenas soñar.
Su canción será la que tiemble
en la flor más pequeña
que no sacie su sed y no tenga esperanza
y al borde de su extinción
entregue su voluntad y su vestido.

martes, 9 de diciembre de 2008

Más poemas. Los he clasificado por temas, más o menos. Me quedan demasiado lejos, pero mientras no se me ocurra qué escribir (ahora hago más cuentos) es lo que va a tocar.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Interiores

I.

Mi casa, abandonada y fría
se desvela y se enciende
en tibio estremecimiento.
Qué me miran las ventanas
de ojos abiertos y viento que no pasa
qué me miran, que caen sobre
el paisaje yermo de mi habitación.
Y qué pueden saber que yo no sepa.
Mi casa, que me encierra
y que me tiene de amor encerrada.
Prendida a su cintura
voy besando paredes.

II.
El lienzo de tu piel estoy amando amor
para escribir en ella el verso más dulce.
Sobre tu espalda, sobre tu pecho,
surcos de amor.
La seda de tus labios estoy besando amor
para sellar de nuevo el dolor
que nos haremos
en el futuro imperfecto
que se nos echa encima
lejos de ti y de mí
y de tanta esperanza que aún nos guardamos.

III.
Te pareces al silencio cuando vienes descalza
a caminar la orilla templada de mis besos.
Te pareces al silencio cuando respiras mi boca
y vienes y descansas tu cabeza en mi pecho.
Te pareces al silencio cuando preguntas qué pasa
y sonríes, amor, y te esperas de nuevo.
Te pareces, amor, a lo más claro y bueno
que pasa en mi corazón cuando por fin no hay ruido.

IV.
Ya viene tu sonrisa a desvelar de nuevo
esta noche de julio
de calor y de insomnio
ya viene susurrándome al oído
a decirme tu amor
desarmarme de nuevo
y a dejarme ya a solas
en esta habitación.
ya se muestra en silencio,
o abierta o somnolienta o prendida
de ese gesto que tanto me gustaba.
Ya viene a recordarme lo mucho que te amé
aquel mes de mayo
en que nos conocimos
con la miel en la boca
y prendida a tu pelo
la yema de mis dedos
y mis pobres sentidos
prendidos aún de ti
cada vez que tu sonrisa
viene a buscarme.

V.
Cae la lluvia y no estás aquí.
Trayendo su sabor
a anís y a barro,
me besa en la boca
y no estás aquí.
Cae la lluvia calando mansamente
su pena en mis costados;
cae y me abraza
y no quiere parar;
siento su aliento
debajo de mi piel
se mete recostando sus heridas,
toda su mansedumbre y llega,
se agarra suavemente
a su desesperación
y me repite, hambrienta,
quédate
y no sé qué decir.
Y tú no estás aquí.

Poemas

No hay como revolver cajones y mirar lo que escribía hace ya... más de diez años. Por entonces era sobre todo poesía, y hay que ver la de sentimiento que se pone a esa edad (rondando los veinte) en todo lo que se hace... a veces demasiado. Pero bueno, algunos no están del todo mal. Y como hace siglos que no escribo poesía me han hecho gracia ponerlos aquí. Ahí van, antes de que me arrepienta... Piedad...

1. Este fue un juego que se me ocurrió de repente. Le pedí a alguien que me dijera veinte palabras al azar. No recuerdo exactamente cuáles fueron (yo diría que son las q están en cursiva) pero la gracia estaba en incluir cada una de las 20 palabras en cada uno de los 20 versos; recuerdo que estaba sentada a la mesa haciendo deberes y mirábamos la tele. Y salió esto: (creo que fue de los primeros)

Al borde del papel se me ocurrió unos versos
y exprimí mi ansiendad, torcida hace ya tiempo
por la tecnología que a rastras y gimiendo
se apodera de mi mesa.
Pensé que tus labios me harían fuerte
y arranqué los botones de mi blanca camisa
cosidos por idiotas de corbatas y trajes
tejidos de prejuicios y cadenas rosas.
Nos vestiremos con un gorro de papel
danzaremos con la música de los corazones
tus manos y tu gesto serán mi pan
tu sonrisa y tus lágrimas mi dulce vino.
¿No quieres acaso, saltar de la cruz
reír, soñar, vibrar y limpiar de tu pecho
ese horrible tatuaje al que te han encadenado?
La madre nos sonríe, ríe a carcajadas
esperando la caída de miles de ángeles
de la publicidad, que juegan ingenuos,
a la competencia de hacernos
siempre esclavos de falsas ilusiones.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Hace tiempo que intento escribir algo. Bueno, de hecho hay varias ideas que me rondan por la cabeza, algún cuento corto, y sobre todo una novela futurista.
El hecho es que el título que encabeza el blok, no sé si muy acertado, era este, o al menos la idea germen de la novela. Hace ya por lo menos dos años que ronda por ahí, y debo llevar como cuatro versiones, la última con más de ochenta páginas. No sé. Ayer la releía, y a pesar de que tengo la historia acabada en mi mente, la protagonista, los personajes principales, los escenarios, el clima... no me acaba de convencer al 100%. Así que me he propuesto practicar cada día, a ver si con esto me arranco por fin a dejar de pelearme con mis personajes.
Siento que están gritando a todas horas por salir. Pero no sería justo cambiarles tantas veces de vestido sin acabar de darles el cuerpo y el aire que se merecen. Y es que los personajes apenas respiran y se desenvuelven de verdad. He de reconocer que sólo son esbozos.
No sé, tal vez deviera seguir el consejo de una amiga y hacer lo que mi dijo:
"si el cuento va sobre un árbol, métete en el bosque, búscalo, míralo, abrázalo... Si crees que tienes que ir al desierto, ve".
Así que quizá tenga que ir pensando en ir a algún país desértico, Marruecos, Túnez... o tal vez con ir a Almería sea suficiente... Ya veremos, tal vez en Semana Santa.