Gatas negrasGatas negras en celo
atraviesan despacio la madrugada.
Vestidas de escarcha y cielo
lloran tristezas.
Luna blanca las vela
amarra en la noche y se sacia en su sed.
Gatas negras en celo
tropiezan desnudas
a los pies de las sombras
y chillan, despiertas, su deseo.
Gatas negras en celo
atraviesan despacio la madrugada
tuercen los pasillos de las casas
y ascienden hasta el alba atenta
que consuela sus torsos
con su plata caricia.
Vestidas de escarcha y cielo,
lloran tristezas
dejando aún más sola
a la luna ciega
que ni siquiera escucha ya
de tanto llorar que llena el aire.
Quietas, sobre su noche en vela,
de frío sed, esperan.
Gatas negras arrastran despacio la madrugada
tuercen pasillos y exhaustas
suspiran y duermen
a los pies de las camas.
Madrugada fría en los tejados del alba
quién tuviera el descanso
de una luna mecida sobre su espalda.
Podría ser ahoraPodría ser ahora, desde ya,
en cualquier momento.
Te llegarías despacio,
como olas mansas a mi suerte
alumbrando esta mi tarde abril
ahora que la tierra se abre en flor,
y te aparecerías
dando a luz a este momento
desde el umbral mismo
de tu sonrisa abierta sin remedio.
Podría ser ahora
y qué derroche de luz sería, y qué suerte
si hicieras coincidir
mis coordenadas espaciotemporales
en el canal que ocupas
desde tu brazo izquierdo hasta el derecho.
Podría ser aún más que una tarde abril
abierta de par en par
abiertos para entonces los cauces del cielo
sin distancias prudentes ni remedio posible.
Que no habría remedio
si te decidieras
a llegarte al fin a mi ventana:
caída libre a cuatro manos
universo de luz.
Te quiero
Te quiero sin remedio, sin tregua,
sin distancias, sin prisas,
sin cláusulas de rescisión
añadida posible.
Te quiero sin remedio y ya está.
Y ese estado que me lleva
de lado a lado, tropezándome de risa a risa
borracha de tanta luz
es lo que hay.
Que me voy dando de lleno con tu imagen
tanto si vacilo como si te evito
o te pienso sin pensar.
Y entonces te quiero a traición
de bruces, a manos llenas
a cada gesto.
Que todo va tomando por derecho su nombre
y su secreto significado.
y no hay más.
QuiénQuién te mece despacio
en el umbral de las horas.
En vertical, hambrientas,
asaltan a la tarde
con un puñal de risa.
Quién te mantiene pendida
en el extremo de un sueño
que no es el tuyo.
Que, de sed, te roba la calma
que gime y no teme y espera
paciente a asaltar
con su ramo de risas
y a perderte en la mar
de una sed insaciable
descontrolada y sorda.
Quién te roba las horas
con quimeras recuerdo
de un sueño sin luz
Quién te engaña.
Quién.
Un díaMe aterra el pensarme en un día sin ti
el tener que vestir con despojos de cielo
que me calma el perfume de tu presencia extraña
y no puedo pensarte sin estarme aún más sola.
Y sin embargo sé, certera y calmamente
que te alejas despacio del jardín de estas horas
en que aún me habitas.
Que también yo me alejo de momento y sin prisas
para irme acostumbrando a verte marchar
cada vez que aún te espero.
Podría pesarme en un día sin ti.
Podría desnudarme del despojo que arrojas
cada vez que te vas
y olvidar el abismo de tu presencia ajena.
Mi corazón, simplemente, se vuelve
como estatua de sal,
como leña en un cesto que espera las llamas,
los despojos de cielo que asolarán la tarde
en que por fin te vayas.
AlegríaQuiero tu alegría para mirarme en ella
y contemplar la vida como el regalo que eres.
Tanta suerte y tu alegría que no llega.
Quiero tus ojos para mirarme en ellos
tus manos perdidas para reencontrarme
tus labios encendidos y tu perplejidad
para mirar frente a frente con la boca abierta
de tanta sorpresa de verme frente a ti
y de que en mí te mires
que no sabría que hacer, amor, si no me miras
y qué suerte la mía de haberte encontrado
y qué haré de tanta suerte si apartas la vista.
Y tu alegría que no llega.
AbrigoNo tengo un buen abrigo
para este frío invierno
ni zapatos que caminen
más rápido que mis deseos
ni sombrero que me libre
de malos pensamientos.
Sólo tengo esperanza y aún poca.
Tropiezo en el camino
y no logro mantenerme
aún del todo a salvo al cruzarme contigo.
Porque callas, miras alrededor y callas.
Y no sé qué hacer para quedarme a salvo
al margen de ti y de tus dudas
y protegerme del frío
que me da tu silencio
y de los recodos
que aún nos queden por salvar
al encontrarnos de nuevo,
hasta que la tristeza nos agote.
IréIré a buscarte siempre.
Y ceñiré tu talle
con mi mano abierta.
Recorreremos las calles desiertas
las ramblas del cielo y sus arrabales.
Iré a buscarte aunque te hayas ido
y vayas de otra mano
y de otro color.
Iré siempre allá donde tu pena
se haga agua
o tu risa canción
Y será el día más hermoso
ése en que aún despiertes
y te busques en mí.
Y nunca será tarde.