
Prisa
Teníamos prisa
por llegar y soltar
la maldita herencia de crecer.
Si la culpa te atrapaba en el camino,
llegarías al final
y acabarías quitándotela.
Pero al final sólo hábía más camino
y más prisa y más duda,
y a la vuelta de la esquina, acechando,
un nuevo dios sin respuesta ya
mirando con nuevos ojos.
Teníamos prisa
y salimos corriendo,
aturdidos por el nuevo aire
que se agotaba en la carrera
y pesaba en sombra
y no había más.
Algo demasiado nuevo y demasiado viejo.
Y en medio de todo
no soltamos ni la duda ni la culpa
que heredamos.
Culpas
Maldita, maldita la culpa
que se te mete en la boca
y ni se escupe ni se traga.
Maldita que arde en la sangre
y en las noches y en la pena,
y en la mañana limpia
que nada tiene que ver.
Quién sembró la semilla
que no perdonamos ni olvidamos
que resucita en medio de la felicidad
y la confunde y la esconde,
que abrazas sin nada a qué abrazar
y da patadas a la mentira felicidad
a la mentira amor, a la mentira verdad
que no sabes qué es.
Cuando menos lo piensas
se te instala en tu casa
y no deja ver más que su sonrisa tonta
alimentando sombras y rencores,
que nada bueno crece a su sombra.
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