Llanto
Lloro porque llueve y se me contagia el alma.
Lloro porque llorar es un canto que nos alivia.
Lloro porque te supe y ya no se de ti.
Lloro al nacer el día que aún susurra tu nombre.
Lloro para llamar al viento y contárselo.
Lloro para vaciarme y contemplar mi vacío
y contemplarme en ti y en el espacio que tu imagen ahora me ocupa.
Lloro para limpiar mi sed y no dejar nada en el tintero.
Lloro para llegar a dios y a ti y a tu divina esencia.
Lloro para olvidarte y que me completes
y acabe este dolor y te sepa ya lejos
y conformarme.
Lloro porque te quiero y no te lo dije.
jueves, 29 de enero de 2009
Los versos que huyen locos a esconderse
del tiempo y de la muerte o
peor aún, de la vida
que no tienen ni sueñan.
Los versos que brotan cuando,
en ruido feroz, corren los hombres
a silenciar el alma
que apenas les sostiene.
Los versos que nacen ya muertos
antes ni de ver la luz
que de ellos mismos mana,
no son versos, sino herida,
dolor y muerte en vida del poeta
del tiempo y de la muerte o
peor aún, de la vida
que no tienen ni sueñan.
Los versos que brotan cuando,
en ruido feroz, corren los hombres
a silenciar el alma
que apenas les sostiene.
Los versos que nacen ya muertos
antes ni de ver la luz
que de ellos mismos mana,
no son versos, sino herida,
dolor y muerte en vida del poeta
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